La Obediencia y el Éxito

October 11, 2017

 

 

 

Desde que en clase se plantearon los mandatos sociales estuvimos más atentos a ciertas frases que se repiten en el día a día. Por ejemplo, en la escuela se escuchan: "¿Así te sentas en tu casa?", "no uses el celular", "ponete el uniforme reglamentario", "atate el pelo", "andá a firmar", "no llegues tarde". En nuestras casas, están las famosas: "No contestes." "no me subas el tonito", "ya estás grande, hacelo". Y, a su vez en la calle, se puede oír: "Respetá a los mayores que saben más que vos", "portate bien", "dame el asiento". Estas frases ayudan a mantener los mandatos de obediencia. ¿Alguna vez escuchaste hablar de ellos?

 

Si uno busca en internet la definición de obediencia, puede encontrar: "Acto de respetar, acatar, y cumplir la voluntad de la persona que mande, de lo que establece una norma o lo que ordene la ley". La idea de obedecer estuvo y siempre está presente. Pero, ¿por qué tenemos que ser obedientes? A lo largo de la historia, ciertos personajes fueron desobedientes y gracias a ellos la sociedad encontró nuevas formas de habitar el mundo. Un personaje destacado en desobedecer normas para reclamar igualdad de derechos para la gente de color fue Martin Luther King. Él dijo, en uno de sus discursos: "Todavía tengo el sueño de que un día, cada hombre de este país, cada hombre de color en el mundo entero, será juzgado por su valor personal y no por su color de piel". Si bien el racismo sigue existiendo a nivel global, el ejemplo de King es el del desobediente dando grandes pasos. Susana Trimarco, desobedeció normas en busca de su hija Marita Verón, y aunque no lo logró, liberó a muchas jóvenes. Juan Viroche, un cura tucumano, denunció la forma de actuar de las bandas narcotraficantes y luego fue reprimido y asesinado, pero logró dejarlo en evidencia. Esto demuestra que aunque no siempre uno alcanza sus objetivos principales puede tener un camino exitoso. Ahora, ¿qué es el éxito? Podríamos decir que en todos los casos se alcanzó el éxito, pero...esa no suele ser la imagen del exitoso que en general se muestra.

 

Según información buscada, el éxito es el resultado del esfuerzo y sacrificio personal y se asocia a  ̈tener el control ̈. Entonces ¿por qué el éxito está ligado al sacrificio? Si una persona no se sacrifica, ¿no es exitosa? Si se piensa en el camino a la meta como un sacrificio, uno no puede disfrutar de ese proceso. ¿La felicidad no puede estar también en el camino? ¿O sólo debe aparecer al llegar a la meta? ¿Hasta qué punto el resultado es la felicidad? Se da por sentado que la persona exitosa es una persona feliz, que tiene el control y que es la mejor en lo que hace. Con esta idea, el mandato no sólo incluye ser exitoso, sino también tener una familia, un trabajo, dinero, poder y control. En ese sentido, se priorizan las opiniones de aquellos que cumplen los roles de directivos, famosos, políticos o empresarios. Si el mandato de obediencia nos impone “acatar las órdenes de otros” mientras que el del éxito nos indica que lo mejor es “tener el control”, los sentidos son, claramente, contradictorios. Pero, ¿es casualidad que el mandato de obediencia y el del éxito convivan en nuestra sociedad?

 

Para que el sistema funcione se necesita al exitoso y al obediente. Sin uno no existe el otro. La sociedad sostiene estos mandatos, y en ambos casos hay formas de pensar, sentimientos, deseos que son moldeados. Creemos que en realidad, si pensamos en el sistema en el que estamos, estos mandatos más que contradictorios son complementarios: para que alguien dicte las órdenes, otro debe cumplirlas. Pero ¿quién decide qué rol cumple cada uno? Varios factores determinan qué papel vamos a cumplir en la sociedad, tales como: el lugar donde te criaste, tu educación, tu economía y tus objetivos. Las oportunidades nunca son las mismas para todos, eso es lo que nunca se dice: los mandatos nos moldean las expectativas, para que nos sintamos a gusto con el lugar en el que estamos, dentro de un sistema que nos lleva a controlar o ser controlados.

El éxito y la felicidad no son sinónimos, no siempre el éxito asegura la felicidad, ni tampoco es duradero, y en todo caso, ¿a qué costo estamos dispuestos a seguir las reglas del juego?. En cuanto a la obediencia, no está mal ser desobedientes en algunas situaciones de la vida.

Las grandes transformaciones se hicieron con desobedientes.

 

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