Las transformaciones que hacen falta: afroargentinos

September 11, 2018

 

Argentina es afro

y

Argentina también es racista.

 

 

Desde los inicios del estado moderno, en nuestro país empezó un proceso de “blanqueamiento” de la población, Argentina les daba la bienvenida a todos los inmigrantes provenientes de Europa para convertirnos en una nación “blanca y hermosa”. Siempre me pregunté que había pasado con los hijos o nietos de aquellos que forzadamente vinieron como esclavos en la época colonial. Tal vez te suena España, Italia, Inglaterra, Alemania, Polonia. ¿Te suena Senegal, Congo, Guinea Ecuatorial, Nigeria, o Cabo Verde?

 

En la actualidad la situación poco cambió, lamentablemente, seguimos con el mismo chip colonial y binario que nos hace ver a la persona de piel negra con un aspecto negativo, por ejemplo, creer que son menos inteligentes “que los blancos” (o sea: nosotros, los privilegiados), la hipersexualización de sus cuerpos, en especial a las mujeres, o verlos como personas exóticas o raras, sólo porque están “afuera” del canon de belleza establecido.

 

Así como existe micromachismo, también existe microracismo, esos comentarios que ocurren en situaciones comunes generadas desde la inconciencia que indirectamente marcan nuestra inexistente superioridad diciendo y reproduciendo frases tales como: “trabajo como un negro” “negro cabeza” “negra de mierda” “mirá que bien que habla” “si, sos de Argentina pero ¿de dónde viene tu familia?” “sos muy linda para ser negra” “¿si te da mucho el sol te quemás?” “aunque seas negra…” “que apellido raro” “que apellido común”.

 

Pero peor que todo lo anterior es creer que esto no sucede, nadie habla de racismo hacia la comunidad afrodescendiente porque el país no se considera racista. ¿Cómo hablar de algo que no existe? Y peor aún, creer que es un problema que lo tiene que resolver exclusivamente la comunidad afro. Una vez más, haciendo responsable a la víctima.

 

Lo que quiero puntualizar es que el racismo es un tema que nos involucra a todos, y para poder pensar en una solución, tenemos que establecer alianzas colectivamente. Pero para hacer eso, tenemos que tomar conciencia de nuestros privilegios como blancos: nadie nos va a bajar del colectivo sin razón, nadie se cruza de calle cuando nos ve, nadie nos pregunta “de dónde venimos”, cobramos más por tener la piel más blanca, no tenemos que lidiar con la portación de cara, nadie nos va a tocar el pelo porque nuestro pelo es “normal”, no tenemos que rogarle a nadie que nos acepten porque “somos buenos”, ni cambiar nuestras costumbres, porque nuestras costumbres son la norma con la que se descalifica a todas las demás.

 

En el momento que tomamos conciencia que el sistema es, además de patriarcal y sexista, racista, no se vuelve atrás. Tenemos que usar nuestras libertades para ayudar, intervenir e incluso, seguir deconstruyéndonos como personas y entendiendo por fin que todos pertenecemos a una raza única: la humana.

 

Querido lector o lectora, tal vez durante este artículo te sentiste un poco incómodo. No te hagas problema, ese fue el objetivo desde el principio.

 

 

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