Derecho a simplemente ser

October 19, 2018

Como sociedad tendemos a criticar, señalar, juzgar o hasta oprimir al que tiene ideas, gustos u opiniones diferentes a la nuestra. Durante años escuchamos decir que la mujer debe casarse, tener hijos y cuidar de ellos, mientras que su esposo trabaja para mantener la casa, y así se supone que deben ser felices.

 

Desde chicas nos dicen que juguemos con bebés de juguete, nos compran maquillajes, juegos de cocina y limpieza, nos visten de rosa y nos ponen vestidos. Cuando llegamos a la adolescencia nos dicen que nos tenemos que depilar, y que nuestro proyecto de vida debe incluir tener hijos o hijas, imponiéndonos así un estereotipo establecido sobre la mujer. Debemos seguir la cisheteronorma, cualquier persona que no entre en esta norma es oprimida y discriminada por la sociedad, ¿Somos mejores personas por seguirla? ¿Somos peores por no hacerlo?

 

En el pasado la sexualidad y otras cuestiones relacionadas con la identidad de género eran un tema tabú. Las personas no lograban entender ni discutir acerca de estos temas. No se discutía la sexualidad porque la sociedad, la familia, la gente no estaba de acuerdo con la identidad de la otra persona, creían que la homosexualidad era una enfermedad y además que era contagioso.

 

Las lesbianas y los gays son personas que se sienten atraídas por otras de su mismo género. “No me gustan los homosexuales”, “me dan asco” son típicos dichos de gente homofóbica. ¿Creen que esto es una opinión? No lo es. Esa “opinión” perpetúa una opresión y apoya a un sistema que oprime a los homosexuales. Creen que por ser gays, son hombres afeminados; que por ser lesbianas, son masculinas. Que en una pareja deben cumplir el rol de hombre y mujer “¿Quién hace de mujer y quién de hombre?”. Apoyan una pareja de gays, pero rechazan a las lesbianas, o viceversa.  Y no dejemos de nombrar a los y las bisexuales, ellos/as se sienten atraídas por personas de dos grupos, los géneros binarios (hombres y mujeres) y los no binarios. “Es lesbiana” dicen, cuando una chica bisexual sale con otra, o “es gay” si un hombre bisexual sale con un varón.

 

Los y las trans también fueron y siguen siendo oprimidos/as. Ellos/as no se identifican con el género que le asignaron al nacer, por eso los transfóbicos creen tener el derecho a decir que una mujer trans es “un hombre con vestido”, o que un hombre trans es “una mujer que no tuvo ningún hombre que la satisfaga”. Por suerte hoy en día una gran parte de la sociedad se está replanteando esto. ¿A todos/as nos gustan las personas de diferente género? ¿Todos/as nos identificamos con el género que nos asignan? ¿Todas queremos casarnos y tener hijos?, ¿depilarnos y vestirnos de rosa? Nos excluyen por gays, por lesbianas, por trans o por bisexuales.

 

Como mujeres, nos hacen creer que debemos tener el cuerpo ideal, ser flacas, nos venden cremas para ocultar el paso de los años, las estrías y eliminar la celulitis. Nos hacen sentir incómodas o quieren que le gustemos al resto. Que le gustemos a los hombres. Porque si somos mujeres nos tienen que gustar los hombres ¿no?

Tenemos que gustar de ellos y gustarles a ellos. Y como somos mujeres, nuestra aspiración más grande debe ser la de tener hijos o hijas. Como si no pudiéramos ser felices siendo lesbianas, bisexuales, solteras, sin tener hijos o hijas, sin depilarnos, sin gustarles al resto.

 

Cada uno/a es feliz a su manera, siendo libre de elegir qué cosas quiere y qué otras no para su vida. Para algunas mujeres sus hijos e hijas son el motivo de su felicidad, lo cual está muy bien, pero no es el de todas.

No todas queremos quedar embarazadas y formar una familia. ¿Soy menos mujer por no querer esto? ¿Soy más mujer por sí quererlo? Cada vez que vemos entrevistas a famosas siempre se recurre a las preguntas como: “¿Cuándo vas a tener hijos? ¿Tenés pensado formar una familia? ¿A qué edad te gustaría quedar embarazada?” Pero no vemos que a los hombres le hagan la misma pregunta.

 

Somos juzgadas por ser madres adolescentes “¿Dónde estaban los padres de esa nena?”; “Si no se cuidó, que se joda”, y otras frases similares escuchamos por detrás. Si tenemos hijos o hijas a los 50 somos irresponsables con la vida del bebé. Si decidimos no tener hijos o hijas para continuar una carrera, viajar, completar nuevos proyectos o simplemente porque odiamos la idea de cuidar niños/as, la gente dice –“¿Cómo va a decir eso? Si tener un hijo es una bendición”. Si nos obligan a parir y luego lo/la abandonamos, la sociedad juzga a la madre, pero ¿del padre nadie se acuerda? ¿no se acuerdan de que decía que no quería tener un bebé?

 

La sociedad cree que tiene el poder o el derecho a opinar sobre cómo, cuándo y cuántos hijos/as tiene que tener una mujer. Que tienen el derecho a criticar a aquellas que están cansadas de sus hijos/as –“¿Cómo se puede quejar? Si los hijos son una bendición” o “Nadie la obligó a tenerlos” o aún peor “¿Para qué abrió las piernas?” Pero nadie se pone a pensar si realmente esa mujer tuvo el poder de decidir si tener su hijo o no. Porque existen casos en los que la mujer tiene el bebé solo porque no le queda otra opción, porque no tiene plata para pagar un aborto seguro, porque no tiene los medios para informarse sobre anticoncepción, porque su pareja la obliga, porque no quiere ser señalada por el dedo juzgador de la sociedad. “Que lo de en adopción”, dicen, pero si al bebé lo adopta una pareja trans, homosexual o bisexual, creen que no es bueno para el/la niño/a.

 

Y como a la sociedad no le alcanza con criticar u opinar sobre las madres, también juzga a aquellas que deciden no tener un hijo/a y abortarlo. Si lo tiene, pero no le da amor; no tiene plata para comprarle ropa y comida; lo da en adopción, lo deja solo en su casa para ella poder trabajar, etc será juzgada por eso; pero si lo aborta será juzgada por eso también. ¿No somos nosotras personas al igual que los hombres? ¿No tenemos el derecho de decidir qué hacer, cuándo, cómo, dónde y por qué?

 

Tenemos derecho a no estar depiladas si no queremos; a vestirnos, hombres y mujeres, con los colores que nosotros/as elijamos; a realizar el trabajo que elijamos (no dejamos de ser mujeres por no limpiar ni cocinar; ni los hombres dejan de serlo por no llevar plata a la casa para mantener una familia); a que la sociedad no juzgue ni le imponga a la mujer realizar actividades del hogar, a vivir nuestra sexualidad e identidad como cada uno/a de nosotros/as nos parezca. Tenemos el derecho a no parir un hijo/a si no queremos. Tenemos y merecemos el derecho de ser hombres y mujeres libres de la manera que cada uno/una elija hacerlo. Tenemos el derecho de simplemente ser.

 

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