Juventud, rebeldía y capitalismo

Juventud, rebeldía y Capitalismo

"Pero la juventud tiene que crear. Una juventud que no crea es una anomalía, realmente."

Ernesto "Che" Guevara (1962)

 

Los grandes movimientos contra hegemónicos del siglo XX fueron protagonizados por jóvenes. Dichos acontecimientos, como por ejemplo El Mayo Francés, significaron cambios trascendentales en los valores y en las formas de vida imperantes. A mediados de siglo, surgen los primeros grupos juveniles contraculturales, el hipismo (o movimiento Flower Power) y el movimiento Beatnik. Ambos movimientos diferían con los paradigmas establecidos, rompían con los esquemas familiares, con la concepción del sexo, la idea del éxito  y con la ética de trabajo. La juventud fue muy crítica de la tecnocracia, la necesidad de poseer un título, una especialización para poder ejercer una profesión.

 

“Por tecnocracia entiendo esa forma social en la cual una sociedad industrial alcanza la cumbre de su integración organizativa. Es el ideal que los hombres suelen tener en mente cuando hablan de modernizar, poner al día, racionalizar o planificar. […] La meticulosa sistematización que Adam Smith celebrara en su conocida fábrica de alfileres se extiende ahora a todas las áreas de la vida, dándonos una organización humana comparable a la precisión de nuestra organización mecánica material. Llegamos así a la era de la ingeniería social en la que el talento empresarial ensancha su campo de operaciones para orquestar todo el contexto humano que rodea al complejo industrial. La política, la educación, el ocio, las diversiones, la cultura en su conjunto.”

 

Reflexiona Theodore Roszak en su libro “El nacimiento de una contracultura”.  Este movimiento sin embargo, rompió con la perspectiva de la juventud como un conglomerado interclasista que representaba una mera etapa de la vida, sino, que se hizo un lugar en la sociedad como una nueva congregación revolucionaria. La generación bohemia de los ‘60 se manifestó en contra de los conflictos bélicos como Vietnam, en contra del racismo y de la unidad familiar patriarcal católica. Se trató de una juventud de una cultura propia muy vasta y representativa. La música fue un gran medio de expresión, bandas como The Doors, The Beatles o The Rolling Stones o músicos solistas como Bob Dylan profetizaban un modo de vida por fuera del hedonismo consumista y una concepción del sexo sin inhibiciones que escandalizaba y rompía con lo establecido.

 

Sin embargo, a pesar de la magnitud del impacto social que tuvo la lucha juvenil, el capitalismo, logró imponerse. El sistema no podía permitirse que movimientos de gran concurrencia atentaran contra los valores y la filosofía que lo mantenía en pie. Además, varios intelectuales leídos por la juventud como por ejemplo Louis Althusser, respondían a ideas orientadas al marxismo, algo que en contexto de Guerra Fría es imposible de ignorar. Fue así, como el capitalismo penetró culturalmente a la juventud y se apropió de sus principales elementos de identificación. Creó una nueva identidad para los jóvenes basada en el consumo y en la rebeldía moderada y banal, los conflictos juveniles pasaron a ser lo que Antonio Gramsci llamó “cuestión vieja”, aquel conflicto que se da entre generaciones de adultos y de jóvenes que cuyos móviles son “inherentes a toda obra educativa y de contención” algo imposible de evitar (propio de los cambios emocionales y de desarrollo personal de la adolescencia). Pero que, sin embargo no plantean un cambio radical en la sociedad, la subordinación entre “viejos” y “jóvenes” sigue siendo la misma.

“La generación "vieja" cumple siempre la educación de los "jóvenes"; habrá conflicto, discordia, etc., pero se trata de fenómenos superficiales, inherentes a toda obra educativa y de contención, a menos que se trate de interferencias de clase, es decir, que los "jóvenes" (o una parte sustancial de ellos) de la clase dirigente (entendida en el sentido más amplio, no sólo económico, sino también político-moral) se rebelen y pasen a la clase progresiva, que se ha hecho históricamente capaz de tomar el poder; pero en este caso se trata de "jóvenes" que pasan de la dirección de los "viejos" de una clase a la dirección por los "viejos" de otra clase: en cualquier caso se mantiene la subordinación real de los "jóvenes" a los "viejos" como generación, aunque con las diferencias de temperamento y de vivacidad antes aludidas.”

 

La juventud contra hegemónica de los ‘60 y ‘70, supo resistir atrocidades y actos represivos, tales como La Noche de los Bastones Largos en Argentina, La Masacre de Tlatelolco en México o las represiones a las distintas manifestaciones contra la Guerra de Vietnam en Estados Unidos. Sin embargo, las Dictaduras en Latinoamérica financiadas y apoyadas ideológicamente con la Doctrina de Seguridad Nacional por EEUU y la caída de la URSS y consecuente victoria del Capitalismo en la Guerra Fría, acabaron con el idealismo juvenil. Esto, agravado por la penetración cultural previamente mencionada, transformó a la masa juvenil en compradores de una rebeldía ilusoria y temporal inevitable, para nada contracultural. El culto al consumo, a lo material es lo que inspira a gran parte de la adolescencia actual. Un hedonismo banal, conformista y egoísta rige en los comportamientos contemporáneos. Los jóvenes son ahora, un reflejo de los adultos, quienes también son afectados por la imposición del culto al consumo del Capitalismo.

 

Con el triunfo del Capitalismo, devino el triunfo de la tecnocracia. Este sistema, desigual, es por excelencia el postulado social del neoliberalismo (ideología imperante). Cada vez resulta más sencillo quedar por fuera del sistema. En la actualidad, es prácticamente imposible lograr un progreso si se carece de título universitario. Sin duda, la tecnocracia afecta directamente a la juventud, la cual está obligada a estudiar en la universidad para poder vivir cómodamente, se la obliga a encasillarse en una profesión para prevalecer en el Capitalismo. El neoliberalismo no se puede desarrollar sin la flexibilización laboral, medida que beneficia a las empresas, precarizando el trabajo. Nuevamente, los más afectados son los jóvenes, quienes terminados sus estudios secundarios, deben buscar empleo para solventar sus gastos universitarios y comenzar a introducirse en el sistema. Al carecer de experiencia, la oferta de trabajo que se les otorga es precaria, de paga muy baja y de condiciones laborales decadentes. En muchos casos, con el pretexto de “generar experiencia” se ofrecen pasantías, es decir, trabajar sin ser remunerados. En Argentina, el gobierno nacional impulsó la “Expo Empleo Joven” prometiendo, trabajo de calidad. Sin embargo, la oferta fue baja y consistió en pasantías y en trabajo precario y mal remunerado.

 

La juventud actual, tiene el mismo móvil de lucha que la juventud de mediados del siglo pasado, evitar que la tecnocracia domine totalmente a la sociedad. Sin embargo, para ello debe primero, ser consciente de su situación, de su papel en el capitalismo, de sus libertades, de sus predecesores y del poder que posee. Debe lograr poder desarrollar una cultura propia, basada en nuevos valores que sean propios de ella. Solo de ese modo, podrá dejar de ser funcional al sistema.

 

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