Estamos acá, tenemos problemas de salud mental y no nos vamos a ningún lado.

June 4, 2018

 

 

 *Dedicado a todas las personas que usan el humor para esconder el dolor

 

Loca fue mi primer apodo. Como estaba en la primaria y no entendía exactamente lo que significaba esto, las construcciones sociales que venían atrás de esta palabra, me reía y me quedaba con ese sabor amargo que tienen los chicos cuando no terminan de comprender lo que sucede.

 

En la secundaria decidí abrazar el sentimiento de estar fuera de lugar y firmaba todas las cartas, notas, pie de fotos en Facebook con la palabra Looney (gracias Luna Lovegood por no hacerme sentir sola), pero ahora con 20 años; con 10 años de terapia encima, con tres de tratamiento psiquiátrico (todo eso me tomo que me diagnostiquen correctamente) me doy cuenta que las cosas funcionan un poco diferente que en los libros donde la heroína es esa chica diferente que se esconde de los demás y se romantiza la ansiedad o la depresión.

Existen estos moldes, impuestos a los pibes y proliferados por ellos mismos (porque eso les enseñan) donde si no entras, tenés que cortarte un pie como la hermanastra de Cenicienta para poder ponerse el zapato. No hay manual de como combatir las luchas internas, para todos es diferente, pero a nadie se le da la oportunidad de entender lo que le pasa, no se les da el lugar para hablar. Lo peor de todo es que estos estereotipos se llevan vidas, porque el miedo a ser juzgado, el miedo a que nos miren de costado pica en la inseguridad de no sentirnos acompañados, de sentirnos incomprendidos porque el tabú es tan fuerte que nadie intenta romperlo. El peso de decir “tomo pastillas para estabilizarme” crea un monstruo en la cabeza del oyente que cree que quien lo dice puede enloquecer en cualquier momento y empezar a gritar y a tirar cosas. Esto se crea por pura ignorancia.

 

Ese es el verdadero monstruo que hay que combatir, la ignorancia. Porque la ignorancia viene acompañada del miedo, que lleva a las personas a aislar aquellos que más ayuda necesitan. Recién en mi segundo año de la facultad pude decirle a una chica que a veces me dormía en clase o no podía concentrarme porque estaba en tratamiento psiquiátrico. El shock en su cara me hizo descubrir la mejor manera de despertar a la gente de su ensueño: la verdad bruta. Ahora cada vez que hablo con alguien, me aseguro de decirles que tengo ansiedad y depresión y tomo dos pastillas por día, para sacarle el miedo, para que sepan que puede ser cualquiera que necesita comprensión por no poder salir a bailar o tomar una cerveza y pedirse una Coca.

Estamos en tiempos de cambios sociales, la causa del feminismo se asienta mundialmente y cada vez se producen más deconstrucciones sobre conceptos que oprimen a las mujeres, los movimientos LGBT consiguen cada vez más visibilidad y los aplaudimos por liberar de los moldes sociales a tantos pibes y pibas… pero ¿dónde está la lucha de romper estereotipos para aquellos con depresión? ¿Con ansiedad? ¿Con bipolaridad?

Capaz es tiempo de encontrar nuestra voz y nuestra lucha en todo este quilombo, y sumar nuestras “un poco diferentes” mentes a la causa para convertir nuestro mundo en un lugar donde nadie tenga que sufrir por quién es.

 

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